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Cómo se inventó el romance

  El amor es lo que nos une, y la falta de amor nos separa. Así parecemos entenderlo la mayoría de las personas en la actualidad, pareciéndonos descabellado pensar por ejemplo, en comprometernos o casarnos con una persona sin tener sentimientos de amor por ella. Sin embargo, hubo un tiempo en el que el amor no jugaba el papel fundamental que ahora tiene.   En la antigua Grecia, el consentimiento del matrimonio se otorgaba por el padre de la novia, mientras que a ella no se le permitía tener una opinión propia. Era su padre quien tenía que estar convencido del interés o beneficio que traería la unión de su hija con una familia rica y prestigiosa, o al menos digna. Sin embargo, la capacidad de seducir y convencer a la joven de que era amada podía hacer que aceptara con menor dificultad esta situación, que la dividía entre la simple atracción física y el puro cálculo del interés. Durante la Edad Media, la Iglesia Católica instituyó el sacramento del matrimonio, suponiendo que la bendición

Espadas con Globos

Globo alargado
Consigue un globo alargado del color que prefieras. Este tipo se llama 260 porque representa sus dimensiones cuando están inflados expresada en pulgadas, concretamente 2 de diámetro, por 20 de largo.


Infla el globo.
Llena el globo de aire con la boca o con un aparato para inflar. Para cuando quede un dedo libre en el extremo opuesto a la boquilla. Cierra la abertura por donde has inflado el globo con un nudo. En este caso, conviene hacerlo muy por debajo del borde para que quede una boquilla más larga, como un dedo aproximadamente.

Calcula las distancias y retuerce.
Por debajo, calcula unos seis dedos de distancia y retuerce el globo sobre sí mismo. Dóblalo hasta dejarlo pegado al resto del globo. Con la misma medida que antes, vuelve a girarlo sobre sí mismo. Ahora toma la boquilla del globo y rodea con ella la zona que queda al juntas las dos creadas anteriormente.
Después, pasa la boquilla por el medio de los dos arcos. Luego, por debajo. De nuevo por el medio y asegura por debajo.

La empuñadura.
A continuación, mueve un poco el aire del globo apretando ligeramente. Haz cuatro bolas pequeñas dejando un espacio libre y girando al final. Cuantas más vueltas hagas mejor quedará y no se soltará.

Con los dedo anular e índice agarra la bola para que no se suelte. Haz otras tres pelotas de aire y cuando acabes mete la punta por el orificio formado por los dos semicírculos del globo.

Endereza el extremo si es necesario, mete la mano por la empuñadura y ¡ya tienes la espada!


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